miércoles, 19 de agosto de 2015

Memorias


Tal vez esa tempestuosa y recóndita apetencia del corazón humano sea más infinita que la esperanza.
Tal vez el amor sea más largo que el tiempo.
Juan Manuel Marcos, ‘El invierno de Gunter’.


Hay días que se te llenan de memoria. Hoy es el cumpleaños de mi hermano. Nació una calurosa tarde de agosto, treintaicinco años después de la madrugada –Cómo canta la zumaya…- en que fusilaron a Federico García Lorca. Pareciera que nunca va a estar todo dicho sobre su vida y su muerte. Mi madre estaba sola en la cocina de la casa de mis abuelos cuando vio venir el parto, una cocina que seguro agrandan mis recuerdos. No puede ser de otra manera para que en ella, como en tantas otras cocinas, quepan todas las memorias que guardan. Treintaicinco años antes de que naciera mi hermano, en otra calurosa tarde de agosto, un camión de falangistas fue cargando –al compás de los cordeles que entregaba el cura Bibiano para atarles las manos a la espalda- a los rojos de un pueblo de Castilla con nombre de rey godo. A los jóvenes solteros les devolvieron al día siguiente, con las caras y los cuerpos reventados de la golpiza. Uno de ellos era mi abuelo Teodoro, que por entonces tenía dieciocho años. De los padres de familia nunca más se supo –…¡ay, cómo canta en el árbol!-, once hombres cuyas memorias se pierden en Torozos, esos montes bajos que abrigan algo de lo que soy, ese navío con vaho de muerte desde aquellas madrugadas.

En aquel camión iba mi bisabuelo Antonio. De nada sirvió que su hermano Gerardo, el alcalde socialista del pueblo, se entregara a las autoridades golpistas a cambio de que liberasen a sus compañeros. A él se lo llevaron a ‘Cocheras’ y fue fusilado apenas un mes después extramuros del cementerio del Carmen. La tía Quirina, otra hermana que había regresado de París con la euforia de las elecciones municipales, pasó cinco años en el penal de mujeres de Burgos, por afrancesada, moral libertina y, de paso, por seguir colgando la bandera republicana del balcón después del 18 de julio. Mi tía Maxi, la hermana de mi abuelo, tenía doce años cuando todo esto ocurrió. Siendo aún moza se marchó a Barcelona, para no cruzarse con los asesinos de su padre y, encima, tener que escucharles aquello de que “hay que arrancar estas malas hierbas rojas”. A sus 91 años es la única memoria viva de aquellos hechos en mi familia. Es imposible llevar la cuenta de las veces que ella y mi abuelo nos contaron, nos revivieron, nos lloraron –sabiéndose amurallados en su interior-, aquel duelo siempre inconcluso.

+++

Me acabo de leer ‘El invierno de Gunter’. Os lo podría resumir como la toma de conciencia de un mequetrefe integral. Lo malo, como decía Woody Allen de la Biblia, es que el personaje central resulta poco creíble. Lo bueno, es que los dos metros desgarbados de ese paraguayo de origen alemán sirven de perchero para colgar las otras, las verdaderas historias del libro. En realidad, más que una novela, es un artefacto de ficción, una de esas metanovelas que juegan con voces, registros y géneros para disfrute de quien lee. Está ambientada en una Corrientes (Argentina) que en realidad es el trasunto de la Asunción (Paraguay) que el autor vivió, sufrió y de la que tuvo que exiliarse en la última etapa de la dictadura estronista. Dos adolescentes son detenidas por zurdas y lesbianas. A Soledad, entre violaciones y picana (si alguien no conoce los métodos de las dictaduras del cono Sur le puede echar tiempo y estómago a esta película), aún le da el cuero para escribirle poemas de amor a Verónica. A esta, sin cortarse tampoco en las torturas, la machacan moralmente contándole las barbaridades a que someten y el derrumbamiento de aquella. Pero es mucho más que una terrible y sensual historia de amor: con tinte autobiográfico, a ratos trama policíaca, homenajes explícitos a Roa Bastos y otros grandes de la literatura, una reivindicación de los mitos guaraníes…, los poemas de Soledad van hilando la memoria política, social y cultural de este país pero haciendo un ejercicio de universalización, conectándolo con los cambios que sufre el mundo en esa década trágica en que el neoliberalismo y la globalización empezaron a imponerse como doctrinas.

La temida 'caperucita roja' de la portada es todo un
símbolo de la dictadura estronista: las Chevrolet de color rojo
que patrullaban las calles asuncenas sembrando el terror
con sus rondas de noche en busca de comunistas.

+++

Hay otro tipo de memoria. El ADN mitocondrial es el material genético contenido en las mitocondrias, las factorías energéticas de nuestras células. Tiene algunas particularidades que lo hacen especialmente útil para la investigación, entre ellas, que solo lo heredamos por vía materna. Vamos, que lleva viajando con cualquiera que ahora esté leyendo esto desde hace unos 150.000 años y nos conectaría a todos, toditas, con esa supuesta ‘Eva’, la antecesora común más reciente de nuestra especie. Desde su descubrimiento, se han podido establecer líneas genéticas directas y elaborar así una especie de árbol genealógico de la humanidad. Además, los cambios en las secuencias genómicas sirven para ver las diferencias evolutivas entre poblaciones e inferir los momentos en que algún grupo de antepasados se cansó del lugar o de lo que estaba haciendo y le dio por explorar nuevos territorios. Pero más recientemente, también se está empleando en medicina forense para la identificación de cadáveres cuyos restos estén muy deteriorados.

Intervención del proyecto ADN Mitocondrial. Foto: CCEJS.
De la mezcla de ciencia, arte y política ha surgido un proyecto que lleva por título, precisamente, ADN Mitocondrial. Este proyecto ha ganado la iniciativa Invernadero, del Centro Cultural de España Juan de Salazar, un intenso mes de formación y experimentación en torno a la idea de ‘Estado’. Uno de sus artífices es Alfredo Quiroz, artista plástico y médico forense que colabora con la Dirección de Reparación y Memoria Histórica, encabezada por Rogelio Goiburú, dependiente de la Dirección General de Derechos Humanos, del Viceministerio de Justicia y Derechos Humanos, en la búsqueda de las víctimas de la dictadura estronista. El propio Goiburú es hijo de uno de esos desaparecidos: también médico, se puso en el punto de mira de las autoridades cuando trabajaba en el Hospital Policlínico y se negó a firmar como defunciones naturales las muertes por torturas. En Paraguay, pese a no aplicarse ninguna ley de amnistía, apenas se ha juzgado a un puñado de torturadores. La Comisión de Justicia y Verdad ha constatado 425 ejecuciones sumarias entre las más de 20.000 personas presas políticas. El premio de la convocatoria es una residencia de dos semanas en un centro de arte español, donde el proyecto será expuesto y presentado al público.

+++

“Saber que España es después de Camboya el país con más muertos en las cunetas debería hacernos pensar”. La frase es del escritor Julio Llamazares, que algo sabe de nostalgia y de memorias enterradas…



martes, 28 de julio de 2015

Ysyry


En enero de 2015 el gobierno paraguayo decretó el estado de emergencia en Concepción, San Pedro y Canindeyú. La medida venía justificada por el abandono al que habían sido sometidos estos departamentos por parte del Estado durante los últimos 60 años. Su resistencia a la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) fue, efectivamente, premiada con la ausencia de inversiones e infraestructuras. Pero lo que lastra su desarrollo, además de carencias básicas como el acceso al agua, es una complicada mezcla de factores. Son regiones en las que el movimiento campesino sigue gozando de gran fuerza pero donde las acciones del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) parecieran diseñadas para criminalizar las luchas por la tierra y justificar la militarización de zonas donde se juegan los intereses del narcotráfico y del agronegocio.

Y significa agua en guaraní.

Paraguay es un país de contrastes. Por ejemplo, la disponibilidad media de agua por habitante es de las más altas del mundo –está atravesado por el caudaloso río que le da nombre y la mitad de su territorio se asienta sobre el acuífero ‘Guaraní’, la mayor reserva de agua dulce del planeta y cuya principal área de descarga y recarga natural está ubicada en el corredor que ocupa la ‘triple frontera’ entre Paraguay, Brasil y Argentina- pero tiene los peores índices de abastecimiento de agua de toda Sudamérica. El panorama del agua puede verse como una expresión concreta de la ingobernabilidad política de este país. Con el decreto de emergencia de enero pasado, el presidente de la República solicita un informe sobre el acceso al agua en los tres departamentos y, a continuación, entra en ‘shock’: el número de organismos involucrados (y descoordinados) en su gestión es tal que resulta imposible cuadrar datos.

Yvy significa suelo, tierra. El Yvy Marãe’y es el mito guaraní de la ‘tierra sin mal’.

En 2000, en el contexto de ‘las guerras del agua’ que cruzaban de sur a norte el continente, Paraguay no se libró de las presiones del FMI y del Banco Mundial que condicionaban sus créditos a la privatización de servicios públicos. Se promulga entonces la que se conoce como ‘ley ERSSAN’ (Ente Regulador de Servicios Sanitarios) que, en un intento de reordenar el sector del agua para hacerlo más eficiente, trajo la amenaza de la privatización de la prestación del servicio e ignoró en su marco regulatorio a las Juntas de Saneamiento. Dos años después, se sanciona la ley de recursos hídricos (aún hoy sin reglamento que la desarrolle) que reconocía la potestad del Estado para establecer como dominio privado un bien de dominio público, o sea, no se hablaba ya de la privatización del servicio sino de la titularidad misma del agua.

Yvyra es madera y también designa en guaraní al tronco de los árboles.

En Paraguay solo el 67% de la población tiene acceso a agua potable, un 55% en red –dándose aún enormes diferencias entre áreas urbanas y rurales-, y casi el 90% de la población carece de sistema de saneamiento. Más de la mitad de la población que dispone de agua corriente en sus hogares lo hace gracias a las Organizaciones Comunitarias de Servicio de Agua (OCSAS), de ahí la importancia en sus áreas de competencia, zonas rurales y municipios menores a 10.000 habitantes. Entre estas organizaciones están las Juntas de Saneamiento, promovidas por el Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental (SENASA); y las conocidas como Comisiones de Agua, creadas por otras instancias gubernamentales (Gobernaciones, Municipalidades, Itaipú…). Puede parecer romántico todo lo que suene a ‘comunitario’ pero estas organizaciones son la necesidad –el aislamiento histórico de gran parte del interior del país y la ausencia de un Estado fuerte capaz de cubrir unas mínimas condiciones de vida- convertida en virtud. En la práctica, se trata de un sector atomizado con graves problemas de solvencia económica: las diferentes instituciones que promueven su creación ejecutan la obra pero no invierten en el mantenimiento de la infraestructura, a lo que se suma una altísima tasa de morosidad, dado el arraigo de la cultura guaraní al agua y a la idea de su abundancia, y presumiendo el libre acceso a ella.

Yvyra mata es la forma en que se denomina genéricamente árbol y también bosque en guaraní.

En 2002, en Paraguay se dio una movilización singular, de carácter nacional -y no local, como ocurrió en Bolivia o Perú- y multisectorial, logrando que la suma de organizaciones sociales y políticas, cristalizada en el llamado Congreso Democrático del Pueblo, echara para atrás la Ley de Privatización de Empresas Públicas. La ‘ley ERSSAN’ también sufrió cambios de calado: se contuvo la privatización del servicio estatal de agua, que pasó a ser una empresa pública, y se reconoció a las Juntas de Saneamiento como entes subsidiarios en la prestación del servicio. El intento de imitar aquellas movilizaciones una década después no sirvió, sin embargo, para frenar la aprobación de la conocida como Alianza Público Privada, una de las primeras medidas de Horacio Cartes tras ganar las elecciones generales en abril de 2013.

Ysyry significa ‘agua que corre’ y sirve para referirse a ríos y arroyos.

La verdad es que cuesta imaginar el interés de un ente financiero internacional en organizaciones comunitarias con escasa capacidad de gestión y sin apenas recursos. Pero al poco tiempo, el Banco Mundial viene a decirle, sottovoce, a Paraguay que ponga orden en juntas y comisiones de agua si quiere recibir plata. Ahora mismo, en la gestión comunitaria del agua están presentes acá todos los ‘lobos con piel de cordero’, desde AVINA, pasando por la Coca-Cola y la USAID. Su toma de tierra local son las organizaciones no gubernamentales. Y así, no es de extrañar que un líder comunitario, fogueado en las luchas de la década pasada, lance en una reunión la duda de si no estarán siendo aquellas los involuntarios pyragües –chismoso, pero aún más peyorativo al referirse con este término a los delatores en la dictadura- de las corporaciones privadas. Hay un dicho guaraní que dice ñande ndaikatúi jake jararándie petei tupápe (imposible compartir la cama con una serpiente venenosa).

Una amiga que trabaja con la comunidad Pãi Tavyterã me cuenta que ysyry tiene otra acepción para este pueblo. Es difícil hacer una traducción de una cosmovisión a otra porque lo que definimos probablemente tampoco corresponda a los mismos conceptos. Pero asociando el agua a lo que da vida, se podría traducir como ‘la vida que fluye’ y sirve para designar algo parecido a lo que en nuestra cultura llamaríamos ‘feminidad’, en un sentido fuerte de genealogía y sabiduría ancestrales.


*Gracias a Ethel Rojas por mostrarme cómo en guaraní se construyen a partir de la raíz y (agua), de manera casi secuencial, las palabras que designan todo aquello que nace de ella.

Hemos hecho un concurso de ideas entre el equipo de campo para traducir (y resumir) el nombre del proyecto en el que trabajo.
Los requisitos eran solo dos: que transmitiera la idea de participación y que la expatriada fuese capaz de pronunciarlo ;-)...
Montse nos ha diseñado este logo tan chulo para abrazar al 'Trabajemos por nuestra agua' (ya me sale de corrido).

miércoles, 17 de junio de 2015

Grullas y justicia



La grulla es un animal cargado de significados en la cultura japonesa. Los hay que asocian su danza a la alegría y la celebración de la vida, o la convierten, debido a sus largas migraciones sin escalas, en un símbolo de búsqueda espiritual. La primera vez que vine a Paraguay traía conmigo dos pequeñas grullas de origami que me regaló un amigo. Me dijo que cuidarían de mí hasta que viese la ocasión de desprenderme de ellas: debía regalar una a alguien que me hubiese acompañado en mi caminar y dejar la otra en un lugar al que quisiera volver. Unos meses antes de llegar a Paraguay por segunda vez en mi vida, una persona muy especial me invitó a este “espectáculo doméstico de alto contenido poético”, una experiencia capaz de ahorrarte horas de diván para canalizar emociones, como si una bandada de grullas alzara el vuelo con tus deseos, abandonándote a una extraña sensación de ingravidez…

Un poco ajena a las noticias he ido dando mis primeros paseos por Asunción, recorriendo las mismas calles y reconociendo, muchas veces, los mismos socavones y hasta las mismas caras. En la esquina de mi antigua casa, junto a la tienda de café ‘El Chirigüelo’, sigue apostada la pareja de lavacoches: las dos nenas ya juegan juntas y su mamá luce ahora el pelo corto. Me alegra reconocer los graffitis o los murales con motivos indígenas que me servían de guía en la cuadrícula perfecta que es el centro de la ciudad; me despisto ante el derrumbe de algunos edificios cuyas lustrosas fachadas aún recordaba; me sorprendo ante la apertura de nuevos locales que, sin cambiar a grandes rasgos el ambiente, marcan esa lenta tendencia por recuperar un casco histórico abandonado. Ahora vivo unas cuantas cuadras más al sur, en un pasaje en el que por las mañanas compiten la sintonía de las emisoras locales de una imprenta que no duerme, las polkas paraguayas de algún vecino y las sinfonías que nos regala una carpintería metálica. Ya está llegando el viento sur que anuncia el invierno y, por las noches, los sorbos al mate se acompasan con las peleas territoriales de los gatos.

Los tres años que median entre una y otra llegada parecen estar conectados por el mismo trágico suceso, como si el tiempo, de alguna forma, se hubiera detenido en el país. Si aquel junio estuvo marcado por el golpe parlamentario al presidente Lugo, este lo está por el inicio del juicio oral contra campesinos y campesinas acusados de la masacre que sirvió de pretexto para deponer al presidente y, de paso, “construir un nuevo rumbo”, tal y como reza el eslogan del gobierno colorado de Horacio Cartes. Las irregularidades en la instrucción del proceso –que ha llevado al abogado defensor a calificar a la Fiscalía de “organización criminal institucionalizada”- han impulsado una campaña desde la sociedad civil para tratar de garantizar una mínima transparencia e imparcialidad en el desarrollo del juicio. A una semana del inicio, previsto para el 22 de junio, las autoridades han anunciado ayer mismo un retraso de un mes, debido a que todas las salas de los tribunales están ocupadas.

En este rincón del mundo, los pa'í suelen estar al frente de las luchas campesinas y recuerdan a menudo las palabras del Papa Francisco, “prefiero una Iglesia herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad”, que estará en Paraguay entre el 10 y el 12 de julio próximos. Esta visita y la Copa América –en la que la selección paraguaya debutó con un empate que supo a victoria tras remontarle un 0-2 en contra nada menos que a Argentina- son las grandes noticias del momento. Hay figuras a tamaño real del Sumo Pontífice junto a las cuales la gente se fotografía. Quizá el caso Curuguaty no haya sido lo que parece; quizá la instrucción del sumario no haya sido tan desastrosa; quizá no haya salas libres para que se celebre el juicio en la fecha prevista; quizá no tenga que ver el cambio de fecha con la visita del Papa y la presencia en el país de prensa internacional. Pero quizá, solo quizá, haga falta darle algo de visibilidad para tener unas mínimas garantías de justicia.



lunes, 25 de febrero de 2013

Se acabó la música...


"La desolación es el sentimiento que nos embarga cuando mueren los seres que habitan dentro de nosotros"
Norman Mailer, 'Los tipos duros no bailan'

Vista panorámica de la Reserva desde el alto de la cordillera del Mbaracayú.
Escuché a Bartomeu Meliá contar en una conferencia que cuando él llegó a Paraguay, allá por 1954, la ruta hacia el este sólo llegaba hasta Coronel Oviedo, "el resto era selva". Según este antropólogo jesuita, toda una autoridad en cultura y lengua guaraní, la colonialidad -el patrón de poder resultado del colonialismo- no fue tan acusada en Paraguay durante la conquista y los siglos posteriores como desde mediados del siglo XX. La construcción de la presa de Itaipú y el avance de la frontera agrícola con la apertura de la ruta no tienen parangón con ningún otro fenómeno del pasado en cuanto a la destrucción de comunidades y sistemas de pensamiento, el encubrimiento indígena y la transformación de su teko -forma de vida- con la deforestación real y lingüística de todo un país. Si la cita de Mailer se pudiera aplicar a un pueblo el resultado de ese sentir sería 'El dolor paraguayo', el retrato que hizo Rafael Barret -a caballo entre los siglos XIX y XX- de un territorio materialmente devastado y humanamente desolado.

Avance de la deforstación en la Región Oriental del Paraguay entre 1945 y 2005.
Imagen: Fundación Moisés Bertoni.
Bruno Chevugi era guardabosques. El pasado 7 de febrero recorría en canoa el río Jejuimí, dentro de la Reserva del Bosque de Mbaracayú. Siete impactos de bala acabaron con su vida. La Reserva, como se la conoce en la zona, es una masa compacta de 65.000 hectáreas de bosque atlántico -uno de los últimos reductos que le quedan al Paraguay- sometida a presiones de diferentes sectores. En un principio, se barajó un ataque de furtivos, si bien nunca se había producido un encuentro tan violento entre guardabosques y cazadores. El bosque también brinda condiciones ideales para el cultivo de marihuana y en los días sucesivos se apuntó al narcotráfico, pero los tres compañeros que patrullaban con Bruno pudieron tirarse al agua, lo que hacía pensar que los disparos iban dirigidos sólo a él. Bruno era de Kuetuvy, un territorio ancestral de la comunidad aché. Recientemente, estas propiedades han sido invadidas por 'carperos' de la colonia Brítez Cue, en la misma zona de la Reserva. Bruno era el líder de las movilizaciones indígenas en contra de la ocupación y así fue como tomó fuerza la hipótesis de campesinos sin tierra como responsables de su asesinato.

Ubicación de la Reserva de la Biosfera del Bosque de Mbaracayú.
Imagen: Fundación Moisés Bertoni.
Doce días después, un líder campesino fue acribillado por dos sicarios frente a su casa, en el departamento de Concepción. Su lucha contra la sojarización o la oposición al establecimiento en el país de la empresa de procesado de aluminio Río Tinto Alcán -condenada por delitos ambientales y de lesa humanidad en Papúa Nueva Guinea- parecen tener menos importancia que la vinculación de cualquier protesta con un paupérrimo Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), con base fundacional en Horqueta, el distrito donde vivía. Se asesinan indígenas, se asesinan campesinos, se muere la tierra ahogada en agrotóxicos y con ella sucumben las comunidades indígenas que, ingenuamente o no, arriendan sus territorios a estancieros en esta nueva versión del Paraguay feudal, se muere un lago enterrado en miles de metros cúbicos de efluentes contaminantes y, por los mismos motivos, empieza a agonizar la bahía de Asunción. Los de arriba ponen el capital y las reglas, diseñan en los despachos las políticas de dominación sobre territorios y recursos. Los de abajo ponen los muertos. Lo más triste es que, de demostrarse estos hechos, estaríamos ante un episodio más de la guerra entre los pobres.

Sojal sin cosechar -al parecer, la sequía de enero malogró el grano- en los
alrededores de Ypejhú.
Las pistas que dan acceso al Bosque de Mbaracayú van desvelando un paisaje fantasmagórico. En menos de un año -me cuenta una de las trabajadoras de la fundación que gestiona la Reserva- ha desaparecido el bosque secundario de esta área de amortiguación. La maquinaria ha levantado de cuajo árboles centenarios cuyas raíces volteadas nos dan ahora la bienvenida. En unos meses ya serán terrenos a pleno rendimiento para sacar las tres cosechas anuales de soja. La autoridad colonial de los yerbateros que retrató Barret sigue ahora el libreto de las corporaciones del agronegocio. Y es cuando te preguntas si tienen razón quienes afirman que Paraguay es un error geográfico. Releyendo 'Hijo de hombre' después de conocer una mínima parte del interior de Paraguay se comprueba que no hay nada de mágico en el realismo de este país "de la tierra sin hombres y de los hombres sin tierra", como lo definió el propio Roa Bastos. Uno de cada ocho paraguayos reside en el extranjero aportando, paradójicamente, con sus remesas el cuarto ingreso de divisas después de la exportación de soja, carne y las regalías de las hidroeléctricas de Itaipú y Yaciretá. El 70% de esos emigrantes son mujeres, como la mamá de Evelyn, una niña de orejas desprendidas y ojos despiertos, empeñada en enseñarme guaraní durante las semanas que pasé en Ypejhú. Me contó que su madre está en Bilbao y que quiere llevarla para allá pero a ella le da miedo España. Desde que se fue, hace cuatro años, Evelyn no ha vuelto a ver a su mamá.

En menos de un año se ha deforestado el área aledaña a la Reserva. Al fondo, aun se
observan los tocones que se están retirando para acondicionar el terreno como cultivo.
A lo mejor, la crisis ha hecho que muchas de esas personas que buscaban una vida mejor estén de regreso. Las que volvieron y las que aun están fuera, separadas por distancias de gua'u, quizá tengan los ojos puestos en las próximas elecciones de abril. El golpe parlamentario -asumido ya por la amplia mayoría de los sectores sociales- y la división del frente de izquierdas -en una patética ceremonia por el control de las listas- dejan en una posición privilegiada al Partido Colorado -el mismo que soportó los treinta y cinco años de dictadura- en su camino hacia la Presidencia. Pero Paraguay es un país impredecible. "No somos como el resto de los latinoamericanos, no somos como los argentinos o como los mexicanos. Somos un pueblo silencioso, callado", afirma Paz Encina, la directora de la película 'La hamaca paraguaya', un reflejo de ese silencio, del tiempo y la quietud de la vida paraguaya, o si se quiere, esa actitud ambivalente entre la negación y la resignación ante la fatalidad, un destino que, a decir de la propia autora, "a veces parece una condena y otras una bendición".


Me estoy marchando de aquí aunque aun no haya llegado a ninguna otra parte. Y me estoy despidiendo de Paraguay como se despide una de las cosas, sin saber si debe alegrarse o entristecerse. En guaraní, arandú es sabiduría y significa, casi literalmente, 'sentir el tiempo'. Quizá sea el tiempo que necesitamos para despedirnos y aprender algo de esos seres que nunca más seremos. "¡Se acabó la música!" es la frase que el viejo Plutarco le arroja a la cara al Capitán en la última escena de la película mexicana 'El violín'. Con una mirada impasible, su voz pausada suena, sin embargo, como un grito de rebeldía y dignidad. Aunque sea silencioso y yo ya no esté aquí para escucharlo, ojalá un grito de dignidad recorra este país vacilante entre la sumisión y la revolución. Hi'ãnte...


jueves, 10 de enero de 2013

Hecho en Socialismo


"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace"
José Martí

Graffiti a la salida de la boca de metro de Bellas Artes (Caracas). El lema 'Chávez,
corazón del pueblo' se ha convertido en uno de los gritos de la Revolución Bolivariana.
Raúl nos cuenta, mientras conduce, que Venezuela tiene forma de rinoceronte, "eso sí, para ver la silueta del animal el mapa ha de incluir los territorios en reclamación con Guyana". La franja que queda al norte del río Orinoco -los lomos del animal- se asienta sobre un enorme 'barril' de petróleo que convierte a Venezuela en el país con las mayores reservas de crudo probadas del mundo. Su explotación estuvo históricamente en manos extranjeras hasta que, en el contexto de la crisis del 73, se dicta la ley que nacionaliza los hidrocarburos. En la práctica, aunque en 1975 -bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez- se crea la empresa estatal Petróleos de Venezuela, la estructura y organización se mantienen idénticas al pasado, con transnacionales controlando el negocio petrolero, las mismas manos que lo habían dominado antes de la 'supuesta' nacionalización. Sin petróleo no se entendería la historia geopolítica del siglo XX. Sería una ingenuidad pensar que los intereses sobre este recurso no tienen nada que ver en la ofensiva que, desde sus comienzos, han tenido que sortear el proyecto político y la figura misma de Hugo Chávez.

Embarcadero en Chichiriviche, Parque Nacional de Morrocoy, estado de Falcón.
 Cientos de lancheros se ganan la vida llevando a turistas a los Cayos.
Chávez tuvo la audacia de desenterrar a uno de los próceres de la Independencia y elevar a la categoría de mito a un criollo burgués como Bolívar. Su imagen, junto a las de su lugarteniente Miranda y el 'negro' Páez, te dan la bienvenida al país cuando atraviesas el túnel de La Guaira, en la autopista que une el aeropuerto en dirección a Caracas. El mismo túnel que hace unos días, al parecer, no pudo cruzar un corresponsal de prensa, narrándonos su experiencia -como si de un escenario bélico se tratara- en esta caricaturesca crónica. Venezuela tiene un serio problema con la violencia, los datos están ahí para corroborarlo. Pasando unos días en Chichiriviche conocimos a una mujer que, después de haber vivido por dos décadas en Francia, ha regresado hace unos años a su país. La mujer -que regenta un restaurante donde cenamos en Fin de Año- tenía la teoría de que en Venezuela se vive ingenuamente feliz "hasta que te pasan estas cosas, después ya no puedes serlo". Raúl se ríe y calla. Cuando llevas unas semanas aquí empiezas a calibrar que el tema de la violencia está sobredimensionado: a todo el mundo le encanta relatar los pequeños hurtos, los asaltos a punta de pistola y aun los secuestros que, afortunadamente, muy poca gente ha padecido, la mayoría escucha por unos medios de comunicación que sistemáticamente los magnifican y, en general, nadie sufre cotidianamente. Según el antenista que ha venido a instalar la televisión por cable -hijo de un republicano asturiano exiliado tras la Guerra Civil- la violencia actual es "una herencia del abandono del pueblo en los años 80". La 'década perdida', por lo que se ve, no sólo dejó agujeros económicos... La historia de Raúl desmiente la teoría de nuestra posadera. Hace unos años sufrió lo que aquí llaman 'secuestro express': dos tipos entran en tu coche a punta de pistola, te llevan hasta tu casa, la desvalijan, te llevan a un cajero, sacan todo el efectivo posible y ahí te dejan tirado. Sería una estupidez -en nuestro caso- pretender deambular por Catia de noche sin llamar la atención, se nos identifica fácilmente como 'nordacas' y eso es sinónimo de euros o dólares en un país en el que la diferencia entre el cambio oficial y el del mercado negro es de uno a cuatro. Sin embargo, a plena luz del día se puede recorrer tranquilamente el casco histórico colonial que resiste en el centro mismo de Petare, una barriada suburbial de más de medio millón de habitantes al este de Caracas. A Raúl le ha llevado bastante tiempo de terapia superar el trauma. Pese a todo, es un tipo feliz.


Calle en el centro colonial de Petare.
Al fondo, el barrio arracimado sobre los cerros.
Caracas se extiende de este a oeste lo largo de un valle. El MetroCable comunica
éste con los barrios que se asientan sobre los cerros colindantes.
Vista de Petare desde el MetroCable. Al fondo, la Cordillera del Ávila que separa
la franja costera de Caracas.

La llegada al poder de Hugo Chávez y los cambios legislativos que introduce, entre otras cosas, para aumentar la renta fiscal que la explotación petrolera aporta al Estado, justificaron un fallido golpe de estado en abril de 2002 por parte de una alianza entre empresarios y militares. Lo que ni por las urnas ni por la fuerza consiguieron las oligarquías lo intentaron a finales de ese mismo año bajo una vieja fórmula caciquil -ya utilizada para erosionar otros gobiernos de izquierda, como el de Salvador Allende en Chile-, el 'paro patronal'. La antigua PDVSA funcionaba, en realidad, como un 'estado' dentro del Estado, marcando la política energética al margen de los intereses soberanos y bajo un régimen fiscal tan abiertamente liberal que, durante años, ni siquiera reembolsó los dividendos correspondientes a las arcas comunes. Mi amigo el antenista dice, mientras sintoniza los canales, que "aquello era una caja negra. ¿De dónde piensa que sale el dinero para las Misiones? ¡De aquellas regalías...! Y eso la gente lo ha visto". Si el neoliberalismo se ha valido, curiosamente, de los resortes del Estado para tirar por tierra el contrato social, la Revolución Bolivariana ha servido -en un momento de intenso reflujo de cualquier ideal socialista- para recuperar el control de las herramientas estatales en beneficio de las mayorías sociales. Nos resulta difícil escapar de la visión etnocéntrica que culturalmente nos atraviesa pero no debiéramos arrogarnos el derecho de imponer, en otros contextos, los discursos que nos gustaría escuchar. Y sin embargo, desde la decadente Europa nos permitimos el lujo de calificar a éste -y otros proyectos similares del continente latinoamericano- de populista, sin que nadie sea capaz de definir tal cosa, pero con un sesgo claramente denigrante.

Todos los productos procedentes de empresas de públicas
llevan el sello 'Hecho en Socialismo'.
Cuando los conquistadores llegaron a estos territorios quisieron implantar su cultura y su religión pero no lo hacían sobre vacío. A las costumbres indígenas había que sumar, además, los rituales africanos llegados con la esclavitud. Un hermoso resultado de aquella mezcla son los Diablos Danzantes de Yare. Sobre su vestimenta roja y sus coloridas máscaras cuelgan un rosario y la cruz del Santísimo, portando una maraca, en una mano, y un látigo, en la otra. Su danza a son de tambores recorre las calles el día del Corpus Christi y llega hasta el umbral del templo, dónde arrodillados reciben la bendición del sacerdote, a modo de simbólico triunfo del bien sobre el mal. La organización de esta celebración dio lugar a cofradías que fueron las únicas formas de asociación permitidas entre indígenas y esclavos, creándose lazos de solidaridad entre ambas comunidades. Hugo Chávez es el reflejo político del sincretismo de estos diablos. Es 'zambo', un término despectivo que califica a quien porta sangre india y negra en sus venas, el cruce -en el imaginario colonial- más bajo del escalafón racial. O dicho de otro modo, en un país, donde si pones Globovisión pareciera que vives en Suecia, Chávez pertenece a ese grupo de gente que, para las élites que un día ostentaron todo el poder, está destinada a servir y no a mandar. No les entraba en la cabeza esta receta de arroz con mango a la hora de hacer política y, para colmo, con esa falta de glamour entre bambalinas, que vas por los pasillos del palacio de Miraflores y te cruzas con una ministra en chándal... Isa, una amiga mulata, nos dijo que el chavismo le había enseñado, entre otras cosas, a ver su nariz de negra como linda, una anécdota parecida a la que Galeano recuerda en su repaso a este curioso dictador. El antenista ya ha terminado, recoge su caja de herramientas y me agradece la conversa. "Yo lo que veo es que el capitalismo no es bueno y por eso se está hundiendo", me dice. Y antes de salir por la puerta añade: "Pero no se confunda, señora. Que yo no soy comunista, ni Chávez lo es. Que aquí lo que se quiere es que la gente viva bien".

Mi regalo de Reyes: una marioneta de Diablo de Yare.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Ñakyrã pire


Mudas de ñakyrã (cigarras).

Regreso de un sitio donde son frecuentes los cortes de energía durante las tormentas. Donde, a falta de palmatorias, tazas vueltas boca abajo iluminan el pasillo de la casa al anochecer, invitando a recogerse a las piezas antes de la hora acostumbrada. Donde, a menudo, a la mañana siguiente el suministro eléctrico aun no se ha recuperado y, entonces, al lento discurrir de las horas se suma un extraño silencio. La estridencia de las cigarras sobre los mangos, el loco canto de los gallos, los cansinos ladridos de los perros vagabundos, alguna rana lejana..., sonidos animales que parecen sonar con más fuerza en una atmósfera limpia tras el aguacero.

Calle principal (empedrada) en Ypejhú.
Calle secundaria en Ypejhú.
Uno de los comercios de la calle principal.

Ypejhú es un sitio de cielos bajos. Llegar hasta aquí requiere mirarlos. En la estación de ómnibus de Asunción, si hay aviso de lluvias, sólo te venden boleto a Curuguaty -hasta donde llega la ruta asfaltada- y dejan a criterio del chófer cubrir el resto del trayecto. Embarrancamos en cuatro ocasiones. El pasaje local parecía conocer las pautas y bajaba del colectivo para echar una mano en la tarea de enderezar el vehículo sobre las roderas. En una ocasión, los esfuerzos fueron inútiles: hubo que recurrir al tractor de una hacienda para que nos remolcara hasta un terreno algo más firme. Tuvimos suerte porque, según me dijeron, no nos cobraron la ayuda prestada y porque, tras casi cinco horas, cubrimos los 90 kilómetros de pista de tierras rojas que separan Curuguaty de Ypejhú.

Hasta hace tres décadas el municipio sólo era una colonia en un territorio de frontera. Da risa pensar en los estrictos controles a los que te someten en los aeropuertos cuando ves con tus propios ojos lo que aquí se conoce como 'frontera seca' con Brasil, absolutamente permeable a personas y mercancías. No cuesta demasiado imaginar los vastos bosques que rodearían las casas dispersas que hoy conforman el municipio -y su vecino del otro lado, Paranhos- antes de que el negocio de la soja desembarcara en la región oriental del Paraguay bajo el empuje de terratenientes brasileños. Hoy, salvo las zonas adehesadas para pasto que aún se mantienen y el gran pulmón que supone la Reserva Natural del Bosque de Mbaracayú, las enormes plantaciones cubren buena parte del horizonte. Eran apenas unos brotes cuando llegué y casi un mes después levantan medio metro del suelo.

Casas de Ypejhú: algunas se construyen con ladrillos y luego se
revocan con vivos colores.
Casas de Ypejhú: las más tradicionales conservan la estructura
de tablas de madera.
El cambio del empedrado al asfalto marca la frontera
entre Ypejhú (Paraguay) y Paranhos (Brasil).
El viaje de regreso a Curuguaty lo hago en coche, más rápido, pero también tras una tormenta que ha dejado el camino 'feo'. Dejo atrás un espacio que ha puesto imágenes a todas mis lecturas latinoamericanas. Ahora entiendo porque, por ejemplo, el oficial del ejército paraguayo protagonista de 'La revolución en bicicleta' recorre siete kilómetros para ir a hacer la compra semanal a la despensa del pueblo. Es un territorio en el que la vida transcurre de forma tan monótona que no se podría decir si la gente es feliz, inmersa sin más en sus rutinas, o si vive petrificada, hincando la cabeza en sus quehaceres para soportar el tedio y no salir corriendo hacia no se sabe muy bien adónde. Un ambiente tranquilo en el que, aparentemente, no pasa nada y no se sabe si es porque nada tiene que pasar o porque alguien impide que pase.

Tormenta desde el patio.
Un silencio ensordecedor, como el de la noche, roto por el canto de las ñakyrá. Al día siguiente, ya en Asunción, me entero por la prensa de que esa misma noche dos sicarios han acribillado a tiros a un dirigente campesino. Cuando empecé el blog, la masacre de Curuguaty rompió mis planes para hablaros de las primeras impresiones de la capital. Casi seis meses después, quería empezar a contaros, por ejemplo, que acá un sencillo entretenimiento infantil es buscar las mudas que las cigarras dejan prendidas a los troncos cuando culminan su ciclo vital. En guaraní ñakyrã pire (literalmente, piel de cigarra) es una expresión que viene a referirse a algo vacío, algo que no tiene contenido. Como la supuesta democracia que se ha instaurado en el país.

Concentración frente a la Fiscalía el pasado sábado en Asunción
tras el asesinato del dirigente campesino Vidal Vega.
Leyenda en la camiseta de uno de los manifestantes.

domingo, 14 de octubre de 2012

Kuña Aty


Es mi primer 12 de Octubre en Latinoamérica. En España sigue celebrándose esta fecha con parada militar y besamanos de todas las autoridades del Estado al Rey. No me caben en la cabeza símbolos más rancios, y eso sólo en las formas. En el fondo, esta fiesta es la añoranza de un pasado como Imperio, pese a que todo el mundo sabe que aquellas hazañas se fraguaron a costa de la aniquilación y el expolio de pueblos, culturas y territorios. Sin embargo, desde ninguna institución del Estado se ha promovido una reflexión crítica colectiva, sino para una imposible reparación histórica, para dotar de un significado simbólico que asuma, al menos, esa 'página negra' que la celebración oficial parece, obstinadamente, querer obviar.

Panel Inicial. Recoge la diversidad de participantes, la premisa del
'buen vivir' como horizonte y las cuestiones sobre las que trabajar.
Kuña Aty significa 'encuentro de mujeres'. Hoy se celebra el Día de la Resistencia Indígena y a esta jornada -impulsada por el Centro de Documentación y Estudios (CDE) con el apoyo de la cooperación vasca- están convocadas mujeres de diferentes comunidades indígenas, sobre todo, además de mujeres paraguayas, campesinas y urbanas. Esta distinción, que puede resultar chocante, la hacen con absoluta naturalidad, sabedoras las mujeres indígenas de sus especificidades respecto a las paraguayas y conscientes las paraguayas de que las indígenas no suelen sentir lazos de identidad nacionales. El idioma que se utiliza es el guaraní. No sé si habéis caído en la cuenta del fenómeno curioso que se da en Paraguay, pero es el único lugar dónde los conquistadores han adoptado el idioma de los conquistados.

A lo largo de la historia, el poder hegemónico ha ido descubriendo que más útil que someter por la fuerza es subyugar las almas. Así, la nación paraguaya se edifica sobre una conquista amorosa: del encuentro armonioso entre el bravo y valiente hombre blanco y la bella e ingenua mujer guaraní nace ese pueblo mestizo y atlético que es el paraguayo. Más que un mito fundacional es directamente un cuento de hadas que encierra, simultáneamente, todas las pautas de la dominación colonial y patriarcal. Con razón se entiende mejor, desde cosmovisiones del sur, la necesidad de abordar las luchas emancipatorias como una descolonización de cuerpos y territorios.

Mujeres y adolescentes de las comunidades Mby'a y Aché
trabajan en grupo junto a una mujer campesina.
Una amiga me ha invitado a venir al encuentro y me limito a escuchar. Se trabaja en pequeños grupos para dar respuesta a algunas preguntas, desde el para qué de la participación de las mujeres hasta la importancia de su articulación, como mujeres y como organizaciones. Es de agradecer, no sé si sólo por mí, que hagan el esfuerzo de hablar en un castellano que no refleja, seguramente, todos los matices de lo que cada cual quiere contar. Pero en cada cuestión se ayudan y van construyendo un relato que recoge sus experiencias y expectativas comunes. Una de las mujeres del grupo al que me uno es una lideresa Aché. Ella misma reconoce en su caso el desposeimiento de su cultura: lo que ella conoce de su comunidad y de otras, como la Mby'a o la Ava Guaraní (todas de la región oriental), es fruto del estudio que ha ido realizando, pues de niña fue despojada de su entorno y socializada en una cultura ajena.
Puesta en común del trabajo en grupos.
Reclaman cosas tan sencillas como que en sus escuelas sean indígenas de su misma cultura quienes impartan clase. O que los consultorios médicos -allá donde los haya...- dispongan de una atención específica para mujeres indígenas. Ahí la cosa se extiende. Hablar de salud y mujeres es hablar de salud sexual y reproductiva. Sólo en el grupo en el que estoy hay dos adolescentes con sus bebés. Sin ninguna medida de control de la natalidad, estas crías podrían ser madres de una recua dentro de unos cuantos años. Nos cuentan que, tradicionalmente, todas las comunidades indígenas han utilizado yuyos (plantas) como anticonceptivos y abortivos. Los fallos y riesgos inherentes a estos métodos naturales se acentúan cuando se constata que es un conocimiento que están perdiendo las nuevas generaciones. La principal causa de mortalidad entre mujeres de edad fértil en Paraguay son las complicaciones derivadas de abortos mal practicados. Y pese a estas cifras, el aborto sigue penado con cárcel.
Panel de propuestas de uno de los grupos. 
Al hablar sobre la toma de decisiones sobre sexo y reproducción, una mujer campesina dice -muy seria y convencida- que, comparadas con ellas, las mujeres indígenas "son más feministas". Las explicaciones posteriores sobre ciertas costumbres aclaran los términos. La lideresa Aché nos cuenta, por ejemplo, cómo durante el embarazo la mujer puede decidir estar con cualquier otro hombre de la comunidad "porque no es ella sino el bebé el que quiere sexo". El niño o la niña sabrá en el futuro quién es su padre biológico pero cada uno de los hombres con los que su madre tuvo relaciones será responsable de su crianza.
Mujeres de las comunidades Ayoreo y Nivaclé (El Chaco). 
Muchas de las costumbres de las comunidades indígenas ponen a prueba nuestra prejuiciosa moral, modelada por siglos de cultura judeocristiana. Sin embargo, no hay que confundir la libertad sexual de la que han disfrutado las mujeres indígenas con ese otro mito del conquistador, el del Paraguay como 'paraíso de Mahoma'. Las comunidades indígenas de la región occidental levantan la admiración del resto por las duras condiciones en las que viven. A medida que han ido perdiendo sus territorios se han incorporado a los núcleos de población, donde los hombres suelen trabajar semiexplotados en las empresas que gestiona la comunidad menonita, los principales colonos de El Chaco, mientras las mujeres malviven intentando comercializar sus artesanías.

- No nos gusta lo que hacen los menonitas con nuestras hijas-, sentencia una mujer Ayorea, de cuerpo robusto y mirada triste, apoyada en su termo de tereré.

No da más explicaciones ni tampoco nadie las pide.